Es en mayo de 1903, cuando estalla en Iquique una extraña epidemia cuyas señas no permitían aún individualizarla con exactitud. Eran años agitados en el norte chileno cuyas calles vivían la latencia de diversos conflictos sociales que desviaban inicialmente la atención hasta que la temida enfermedad cundió con una velocidad similar a la alarma ya extendida entre la precaria población nortina. El 29 de ese mes, el Ministerio del Interior designa una comisión para que “proceda a determinar la naturaleza de la enfermedad aparecida en esa ciudad y se haga cargo de la profilaxia de ella en caso que resultase contagiosa“. El lapidario diagnóstico confirmó que se trataba de la llegada a nuestro territorio de la temida peste bubónica.

La comisión médica gubernamental llega a Iquique el 1 de junio en la mañana, y en la tarde del día siguiente efectúa la primera autopsia. El 4 de junio, el doctor Zegers, miembro de la comisión comunica oficialmente al Gobierno que ya se registraban 75 casos y tras varios días de acción sanitaria se pudo detener su contagio.
Según posteriores investigaciones, se concluye que la enfermedad llegó a nuestras costas a bordo del vapor Colombia procedente de San Francisco. Se presume que las ratas portadoras del mal subieron en el Callao (Perú) y desde ahí desembarcaron posteriormente en los puertos de Iquique y Valparaíso.
En efecto, la peste bubónica se presentó por primera vez en el Perú en los últimos días de abril de 1903, en el Callao y en Pisco, con un episodio previo que se da en un molino de Santa Rosa del Callao, en donde aparecieron numerosas ratas muertas y días después, enfermaron diez trabajadores de ese establecimiento, de los cuales fallecieron seis.

A fines de 1903, la peste bubónica toca tierra en el puerto de Valparaíso. Se preveía una rápida diseminación en vista de las deplorables condiciones higiénicas del puerto y se temía fundadamente su propagación a la capital.
Finalmente, la epidemia cedió en septiembre, dejando tras su paso una mortalidad del 64 % en los 214 casos comprobados, en una población total estimada de 30.000 habitantes. La enfermedad se estancaba en días de fiestas patrias, más por factores climáticos, que por la efectiva acción humana. A pesar de esto, la enfermedad reapareció y se presentaron nuevos casos en otras como Arica, Viña del Mar y Santiago, entre 1907 y 1916.
El último reporte de la enfermedad en Chile correspondió a un caso de peste bubónica de la forma septicémica en 1941, comunicado a la Sociedad Médica de Santiago.
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