La Compañía de Ferrocarril, Puerto y Balneario de Quintero
 (Una Empresa Fracasada) 

El origen de la comuna de Quintero sin duda está íntimamente ligado al trazado ferroviario que daría vida y sustento al deseo de ser comuna. En este extracto del estudio de Cristián Gazmuri Riveros, abogado e historiador, especializado en los procesos chilenos contemporáneos, se retrata parte de esa historia.

Vista de la Estación de Trenes de Quintero en el año 1950
Quien primero pensó en convertir a la bahía de Quintero (32° 46′ OO de latitud Sur y 71° 31′ OO de longitud Weste) en “el gran puerto de Chile” o, al menos, el gran puerto militar de Chile, fue Lord Cochrane, el que compró (pero al parecer nunca pagó) la “Hacienda de Quintero” el año 1820. Pero luego de su partida de Chile (en enero de 1823 y desde Quintero), la idea cayó en el olvido. Sólo en abril de 1866 el Estado tomó nota de su existencia cuando fue declarado “puerto menor”, posiblemente en el contexto de las necesidades estratégicas derivadas de la guerra con España, cuya flota había bombardeado Valparaíso en el mes de marzo de ese año. 

Los orígenes de la iniciativa de crear la “Sociedad de Ferrocarril, Puerto y Balneario de Quintero”, que nos interesa, se remontan, según Benjamín Vicuña Mackenna, a un almuerzo realizado en febrero de 1872 en una quinta del entonces llamado Camino de Macul. Se hizo presente, pues, la ausencia en la costa central de Chile de una “ciudad de baños” como San Sebastián, Trouville o Biarritz en Europa. Valparaíso era un puerto de agua sucia que no servía al efecto.

La idea habría partido de un francés, el barón de Brihois, pero no sabemos a quién correspondió sugerir el nombre de Quintero. Posiblemente fue el propio Vicuña Mackenna, para quien, como nos lo dice su biógrafo Ricardo Donoso, era “un lugar de particular atractivo”, el que frecuentaba. 

No es raro que se haya pensado en Quintero. Es la más hermosa y -de hecho- la única verdadera bahía existente en la costa central de Chile. El nombre de la “Herradura”, que se le daba entonces y que actualmente se ha perdido, conociéndosele sólo como Bahía de Quintero o Bahía Cochrane, lo dice todo. Tenemos, pues, que antes que el puerto se pensó en balneario y naturalmente la posibilidad de existencia de ambos precisaba la construcción de un ferrocarril. 

Por cierto, que la obra necesitaba de capitales y se recurrió a la familia Cousiño, una de las más ricas de Chile, la que se interesó entusiastamente por el proyecto. Un mes después, Luis Cousiño adquiría doscientas cuadras, la mayor parte pertenecientes a la Hacienda Quintero, cuyo dueño era entonces Francisco de Paula Salas, en 25.000 pesos, y el resto a Adrián Undurraga. El 26 de diciembre de ese mismo año 1872 una ley aceptaba la creación de la “Compañía de Quintero”. 

La Hacienda de Quintero era mucho más vasta que el paño adquirido por los Cousiño y comprendía de norte a sur, desde la latitud de Ventanas y la Laguna de Campiche, hasta una línea que no hemos podido averiguar con certeza, pero que ha de haber estado a la altura del extremo norte de la Playa de Ritoque y de oriente a poniente desde la zona de la Laguna de Campiche y la hondonada de Valle Alegre hasta el océano abierto. Pero si se pensó en el balneario antes que en el puerto, esto no fue por mucho tiempo. El empresario Cousiño inmediatamente captó que Quintero podía representar la solución para un grave problema que se presentaba para el comercio exportador chileno de entonces: Valparaíso, que no tenía las instalaciones portuarias ni el molo de abrigo de hoy en día y que por su naturaleza es un mal puerto, poco protegido, podía ser suplementado por Quintero, un magnífico puerto natural con suficiente profundidad (hasta 40 metros en su centro) para aceptar los barcos de mayor calado existentes por aquel entonces e incluso hoy. 

Otro aspecto que ofrecía halagüeñas perspectivas a la posibilidad de un puerto en Quintero y que sin duda tuvo en cuenta Luis Cousiño, era lo difícil y caro que era ensanchar la atochada línea férrea entre Santiago y Valparaíso, convirtiéndola en un trayecto de dos vías, en el tramo que va desde el túnel de San Pedro hasta la estación Puerto. En cambio, un ramal que saliera de esta vía, desviando parte de la carga que venía desde Santiago hacia el nuevo puerto de Quintero, “antes” de llegar a dicho tramo, solucionaba la cuestión.  Finalmente, es posible que influyera en la decisión de aprobar por ley la “Compañía de Quintero” y construir allí un puerto mayor, el hecho de que en 1860 el almirante Roberto Simpson se refiriese a Quintero como “un cómodo y hermoso surgidero”. Así como que ese año la Armada hubiera escogido el lugar para sus maniobras de invierno, quedando los oficiales con muy favorable opinión sobre la posibilidad de hacer un puerto en ese lugar. De modo que la ley que creaba en diciembre de 1872 la “Compañía de Quintero”, se refería a un puerto y un ferrocarril y no a un balneario. La concesión era por treinta años. En cuanto al balneario, con la celeridad que caracterizaba a sus iniciativas, Luis Cousiño había conseguido que el 8 de agosto del mismo año 1872 el Comandante General de Marina e Intendente de Valparaíso, Francisco Echaurren, dictara el decreto de fundación de la “Población de Quintero” con el nombre de “Puerto Cochrane”, nombre que no prevaleció, como tampoco el de “Cabo Cousiño” para designar el extremo de la península, lengua de tierra que crea la bahía y de la cual ya hablaremos”. Previamente, y sin duda como parte de un acuerdo, Luis Cousiño había cedido el terreno para todas las edificaciones públicas de la nueva urbe. 

Las doscientas cuadras adquiridas por los Cousiño incluían dos áreas geográficas bien delimitadas. 

En primer lugar, la península de Los Molles o llamada entonces de Liles. Otro trozo de tierra aledaño, consistente en el cuello que une la península al continente hasta unos 1.000 metros más al sur, en dirección hacia Ritoque y Con-Con, hasta llegar a una línea que estaba marcada por la cumbre del cerro Centinela. Esto significaba que la porción de tierra no peninsular de este trozo del paño abarcaba también la llamada “Caleta” y todo el sector que va desde el citado cuello en dirección al poniente hasta deslindar con el océano en la ahora llamada Punta de Sanfuentes, o “Mar Brava”, siempre en una anchura de alrededor de 1 .000 metros entre la línea de la costa, que ahí da al norte, y la marcada por la cumbre del Centinela14. En total unas ochenta cuadras. 

Dijimos recién que esta área incluía la llamada “Caleta”, donde entonces habitaban unas doce familias de pescadores artesanales15, todos de apellido Belmar. Estos tenían sus viviendas y botes, aprovechando la franja de ochenta varas a partir de la más alta marea que la antigua legislación española otorgaba al pescador y que Andrés Bello redujo en el Código Civil a ocho metros. Por suerte, en el Quintero de 1872 todavía prevalecía la ley española, convertida en costumbre, y de ella se beneficiaban los pescadores. Eran cincuenta personas distribuidas en unas treinta casitas de madera, adobe y cueros de lobo, construidas en las estribaciones del comienzo de la línea costera de la península y mirando hacia el oriente, vale decir, hacia la bahía. Ese terreno corresponde hoy a la esquina que forma la Playa de los Pescadores, que corre en dirección oriente-poniente, y la calle 21 de Mayo, la que es fruto del relleno que se hizo para el futuro puerto y que corre de sur a norte hacia el extremo de la península y que entonces era playa y roqueríos. 

Ya antes de 1872 algunos de esos “ranchos” de los pescadores Belmar se arrendaban a familias pudientes del valle de Quillota y quizá de Valparaíso y Santiago durante el verano16. En total la “Caleta” habría comprendido el terreno correspondiente a unas dos o tres manzanas, aunque su forma, siguiendo la línea de la costa, era irregular. 

El segundo espacio que comprendía el paño de terreno comprado por los Cousiño era la entonces llamada “Vega”, que corresponde aproximadamente al terreno donde hasta el día de hoy está situada la desmantelada base aérea de Quintero. Vale decir, viniendo por el borde de la costa de la bahía, de oriente a poniente, desde las rocas de Loncura siguiendo la playa hasta llegar a la península (en la Playa de los Pescadores). De norte a sur la “Vega” iba desde la línea de la playa hasta donde corre hoy el camino que viene de Con-Con o de Ventanas, si se baja desde el norte. Allí estaban las otras 120 cuadras que completaban el paño de terreno de los Cousiño. 

En ese entonces la Vega era efectivamente un pajonal que se llenaba de agua en los inviernos, al menos en buena parte, y en sus lindes estaba un hermoso bosque de canelos y otros árboles chilenos, el que subsiste hasta hoy. Fue secada en gran parte durante la década de 1920, primero cuando se tendió el ferrocarril que pasaba-hasta hace unos diez años cuando se levantaron los rieles por su borde poniente, casi tocando el cerro Centinela, y después cuando se construyó la pista de concreto de la Base Aérea de Quintero hacia 1929-30. En el presente todavía quedan unas hectáreas de terrenos pantanosos. 

En1872 se loteó, en manzanas rectangulares de dos hectáreas de extensión, subdivididas en sitios de1.000 metros y agrupadas siguiendo más o menos la forma de “damero”, el terreno de la península, la caleta y el sector del cuello y terrenos aledaños según el plano aprobado por Echaurren. Se consultaba tres plazas,11calles, 23 avenidas, con nombres como Ecuador, Perú, Bolivia, del Plata etc. Reflejo de las amistades internacionales del Chile anterior a la Guerra del Pacífico. Otras tenían nombres de próceres de la Independencia, de jefes indios de la época de la Conquista y de los hijos de Luis Cousiño e Isidora Goyenechea. Las avenidas tendrían un ancho de 24 metros y las calles de 14. Las plazas,120 metros por lado.

Los edificios a construirse en los terrenos públicos donados por Luis Cousiño eran una escuela de hombres y otra de mujeres, iglesia y casa parroquial, casa consistorial, gubernatura (gobernación), juzgado de letras, aduana, cuartel de policía, cárcel, hospital y cuartel de guardias nacionales, en solares que iban desde los 5 mil a los 20 mil metros cuadrados. 

(continuará)